miércoles, 17 de marzo de 2010

Sisón en celo: ¡Cuando la pasión hace dar saltos!

Ya tocaba una nueva entrada, y esta del Sisón no estaba prevista, pero he recibido una petición de colaboración sobre este tema, y aprovecho para anticipar algo. Se la dedico a Rodrigo Hernández y su empeño por mantener viva, contra viento y marea (o hablando con más propiedad "contra pixel y red")la magnífica publicación que es Visión Salvaje. Allí saldrá el resto.



Macho de sisón volando.

"SISON": UN NOMBRE ACERTADO.

Es frecuente que algunas aves tengan en España un nombre onomatopéyico, y sean conocidas por el sonido que hacen. El Sisón (Tetrax tetrax) es una de estas aves, bautizada desde muy antiguo con un nombre que le asocia con el curioso silbido (siseo) que produce al volar. Este se debe a que tiene una de las remeras primarias de cada ala más corta que las demás y sumamente escotada, de forma que deja pasar el aire al volar produciendo el característico si-si-si-si-si, que serviría a sus congéneres para avisar de su presencia. El batir de sus alas tiene además otra peculiaridad que consiste en dejar ver unas manchas alares de color blanco que una vez posado quedan ocultas.

Macho entre pastizales.




El plumaje críptico del dorso ofrece protección al macho y le permite desarrollar sus tareas durante el celo sin tener que estar pendiente de peligros que puedan venir por su espalda.


UNA AVUTARDA EN MINIATURA.
Otro nombre bastante acertado (a pesar de su simpleza) es el que recibe en lengua inglesa: Little Bustard (que podría traducirse por Avutarda Pequeña, para distinguirla de la otra especie a la que designan como Great Bustard, o lo que es lo mismo Avutarda Grande). Y es que efectivamente, tanto por parentesco, como por morfología, costumbres y tipo de hábitat, podemos considerar al Sisón como el hermano pequeño de la Avutarda.

Sin embargo, a diferencia de aquella el dimorfismo sexual del Sisón es sólo apreciable durante el cortejo, pues una vez terminado las plumas del macho van tomando las mismas tonalidades que tiene la hembra, y durante el invierno no es fácil distinguirlos a no ser que los tengamos muy cerca o en la mano.

Su menor tamaño que la Avutarda le ha hecho buscar una estrategia de defensa diferente, basada sobre todo en un vuelo rápido, asociado al cual estarían los citados sistemas de comunicación acústico y visual, y también en un carácter mucho más social.

Macho en oteadero:


ORIGENES Y ADAPTACIONES AL MEDIO.

La familia Otidae (a la que pertenecen Avutardas y Sisones) está formada por veinticuatro especies, las cuales se reparten en su mayoría por tierras africanas, aunque también están presentes en Europa, Asia y Australia. Son aves propias de terrenos abiertos, desde semidesiertos hasta sabanas o zonas esteparias y campos dedicados a cultivos. En el Paleártico Occidental se localizan tres de ellas: La Avutarda, la Hubara y el Sisón. De ellos, la Hubara habita en las islas Canarias, además de en Berbería y Oriente Próximo, por lo que sólo a la Avutarda y al Sisón se les puede considerar europeos.

Lo mismo que otras aves de hábitats desarbolados, su origen parece estar en las estepas asiáticas, desde donde fueron expandiéndose aprovechando las deforestaciones y el progresivo desarrollo de pastizales y cultivos herbáceos que tuvo lugar allá por la edad media.

Los Sisones desarrollaron una serie de adaptaciones al nuevo medio. Comenzando por su plumaje, es críptico, a base de tonalidades marrones, negras, y blancas, lo que les permite en cierta medida pasar inadvertidos en unos espacios en los que no abundan los elementos naturales que les puedan ofrecer cobijo.

Su pico es corto y a la vez fuerte, muy útil tanto para partir las semillas como para aplastar insectos y hasta pequeños invertebrados de los que suelen alimentarse.

Tiene patas largas y poderosas, con pies gruesos y fuertes en los que falta el dedo posterior, estando los tres únicos dedos dirigidos hacia delante. Esta adaptación les permite caminar más fácilmente durante largo tiempo.


EL CORTEJO.

Los sisones son unas aves extremadamente fieles a sus zonas reproductivas, a las que acuden año tras año, y en las que los machos realizan sus particulares exhibiciones tradicionales para atraer a las hembras. Un cortejo original, llamativo, complejo y sobre todo muy especializado.

Por lo general este vistoso acontecimiento comienza a finales de Marzo (aunque dependerá de la climatología anual). En esta época, en la mayoría de nuestras zonas esteparias es posible escuchar un extraño sonido (prrret) que se repite a intervalos de pocos segundos. Aún sabiendo que se trata de un macho de Sisón, puede llevarnos tiempo su localización ya que el sonido es tan fuerte que nos llega perfectamente audible a muchos centenares de metros. Por fin lo descubrimos en un lugar despejado y con frecuencia ligeramente elevado, en el que pasará varias semanas procurando atraer la atención de las hembras.

Su plumaje críptico la mayor parte del año (muy similar al de las hembras) se ha transformado estos días a modo de gala nupcial. Todavía conserva el color pardo moteado en el dorso (aunque los colores son más intensos) que le siguen sirviendo en buena medida como camuflaje en la parte trasera, precisamente la que no puede controlar. En cambio la parte frontal ha adquirido una tonalidad blanca bastante intensa sobre la que se eleva un hinchado cuello negro en el que destacan dos bandas blancas; la superior es más fina y tiene forma de uve, mientras que la inferior tiene un mayor grosor y discurre de forma horizontal como si fuera un collar. Una corbata y un collar, es como han sido descritos estos dibujos en muchas ocasiones.

El nuevo atuendo parece bastante llamativo para las hembras, pero no lo suficiente a larga distancia. Para solucionarlo, el macho de Sisón desarrolla una estrategia única, consistente en hacer aleteos y pequeños saltos en los que hace visible el plumaje blanco del interior de sus alas; de esta forma puede vérsele a simple vista a más de un kilómetro. Los lugares elegidos para tal actividad son conocidos por los ornitólogos como “cantaderos”.
Macho de Sisón desafiante:



La actividad en el cantadero comienza en torno a una hora y media antes del amanecer, cuando todavía es noche cerrada. El macho, que ha pernoctado en el lugar, inicia su actividad emitiendo el característico sonido del celo (prrret), una vez que se ha ubicado en el lugar preciso, y lo irá repitiendo a intervalos de unos treinta segundos. En torno a veinte minutos después, cuando se aprecia un mínimo de claridad en el horizonte y empiezan a distinguirse las primeras formas, comienza el aleteo, pero sin elevarse del suelo. Es curioso observar como de repente, y al tiempo de producirse el característico sonido, aparece una mancha blanca en medio de la oscuridad, que sólo dura unas décimas de segundo. Con esta actividad permanecerá hasta unos minutos después de la salida del sol, momento en que da comienzo el auténtico espectáculo: los saltos.

La duración de estos es corta, si tenemos en cuenta que en cada uno se desplaza en torno a un metro y que la elevación máxima ni siquiera suele llegar a esa distancia. Pero es más que suficiente para hacerse ver por encima del pastizal y mostrarse así ante cualquier hembra que esté en un radio de más de un kilómetro. En cuanto a la dirección, esta varía entre dos y tres veces durante los 50 a 80 minutos que por lo general se prolongan. Si durante este tiempo una molestia ha hecho que el ave abandone el lugar, sólo continuará saltando en el caso de haber regresado al catadero en la primera media hora; si por el contrario lo hace después lo más probable es que se limite a emitir su característico sonido y ocasionalmente a deambular por los alrededores, pero que no vuelva a saltar, aunque siempre hay excepciones.



Aún estando lejos, usando una óptica adecuada puede verse como el macho de sisón realiza un pataleo intenso sobre el terreno que siempre precede al salto. Si tenemos la posibilidad de realizar la observación a corta distancia (por ejemplo a los 40-50 metros como en el caso de la realización de las fotografías que ilustran estas páginas), tendremos la ocasión de oír con toda claridad el tamborileo que producen, y lo mismo el brevísimo siseo de sus plumas durante el segundo que dura el movimiento alar. Lo repetitivo de la actividad en un lugar muy concreto y durante varias semanas hacen que al final del cortejo se aprecien con claridad los resultados: un pequeño espacio de terreno completamente pelado, con la tierra compactada, y en el que abundan los excrementos. En casi un 30% de los casos la ubicación del cantadero elegido para exhibirse y saltar puede variar en plena actividad del cortejo, pero siempre en un radio no superior a los 100 metros. Incluso se dan casos en los que después de haberse cambiado, vuelven al lugar original.

A medida que el día avanza, su actividad resulta más distendida, deambulando por todas las inmediaciones del cantadero y hasta alejándose a veces del mismo; es frecuente verle alimentarse o que ahueque el plumaje como signo de relajación. Sin embargo no baja la guardia, y podemos verle que inicia un súbito vuelo en apariencia sin explicación, pues no se aprecia nada que disturbe el lugar ni sus alrededores. Pero el Sisón ha descubierto que otro macho ha penetrado en su territorio, y lo perseguirá en vuelo durante un buen trecho. Si la densidad de machos es alta en la zona, es bastante posible que durante esa persecución atraviesen otro territorio celosamente vigilado por su correspondiente macho, que no dudará en iniciar a su vez una persecución de los dos intrusos. De vuelta a su terreno, aterriza a una distancia entre 100 y 300 metros del cantadero, recorriéndola a pie, con la cabeza hacia delante, ligeramente agachada, y haciendo algunas paradas que aprovecha para otear las inmediaciones.

Si por el contrario y como consecuencia de sus exhibiciones es una hembra la que se aproxima a su territorio, la actitud suele ser distinta. Si esa hembra cruza en vuelo el cantadero o sus inmediaciones, la perseguirá igualmente en vuelo, pero no para expulsarla como en el caso anterior, sino para aterrizar junto a ella y perseguirla en tierra de forma insistente. Incluso si la hembra accede a pie al lugar pero llega a levantar el vuelo, nuestro galán la perseguirá por el aire, con alternancia de vuelos y persecuciones a pie que tienen una duración variable, la cual dependerá de la actitud que ella muestre, llegando algunas veces a consumarse el apareamiento. Aún así, las hembras que se aproximan a un cantadero con ideas reproductivas suelen hacerlo por tierra, alternando cortos paseos con paradas en las que otea los alrededores, con una actitud que parece casual y no interesada en el macho; cuando este la descubre (generalmente a más de 100 metros) corre a su encuentro de forma impetuosa y siempre de frente, exhibiendo su abultado cuello y los dibujos de este. Cuando llega a su altura corretea a su alrededor y tras unos ligeros empujoncitos intenta la cópula que la hembra en principio rechaza, pudiendo llegar a levantar el vuelo. Si no lo hace se inicia una persecución entre el pastizal, ambos con la cabeza por delante hasta que el macho alcanza a su compañera y vuelve a repetir el proceso. Con esta actitud pueden pasar horas e incluso varios días, lo que podría significar que las cópulas pueden repetirse varias veces durante ese tiempo.




Una vez finalizadas las cópulas, el macho y la hembra se separan para realizar actividades bien diferentes. Mientras que el macho continúa con su tarea, con el afán de atraer a cuantas hembras pueda, la hembra que ha sido fecundada se desplaza al apartado lugar que previamente ha elegido para construir el nido, y sacar adelante a su pollada.

Si los esfuerzos de toda una mañana son en vano y no aparece ninguna hembra por los alrededores, el macho irá abandonando su exhibición a medida que avanza el día. En torno a las 12:00-12:30 (horario oficial) da la sensación de que ha desaparecido de la zona, y puede haberlo hecho de forma temporal, aunque lo más seguro es que esté echado y oculto por el pastizal, tanto para evitar ser descubierto por posibles predadores, como para combatir el calor, en ausencia de sombras en las que refugiarse. No obstante, unas 5 ó 6 horas después (a media tarde) su actividad irá creciendo a medida que el calor es menos intenso, y ya oculto el sol volverá a los aleteos e incluso a los saltos, que se prolongarán hasta casi reinar la oscuridad.

Los mismos cantaderos suelen ser empleados por los Sisones año tras año, si bien pueden abandonarlos por molestias reiteradas o por la construcción de edificios o infraestructuras

A pesar de la territorialidad de los machos durante el cortejo, pueden darse casos como algunas zonas de La Serena, donde la densidad de estos puede llegar a diez por kilómetro cuadrado.

La insistencia de los "saltarines" suele dar sus frutos; las hembras terminan acercándose.



Más información sobre Sisones y Avutardas en este libro:

lunes, 15 de febrero de 2010

Fotografiando Aves Esteparias en La Serena



Si hay algo en lo que todos los fotógrafos de naturaleza coincidimos, es que el empleo de “hides” o “aguardos” (o “chajurdos” como dicen otros) siempre es indispensable para tener a los animales salvajes a una distancia prudencial, sin que recelen por nuestra presencia. La pretensión que nos lleva a emplear estos artilugios es la de poder trabajar sin ser vistos, de forma que la fauna salvaje que podamos tener al otro lado de nuestro teleobjetivo desarrolle comportamientos y pautas normales. No en vano, lo que perseguimos los “paparazzi de fauna salvaje” (así nos llama con frecuencia un compañero) es documentar los momentos de intimidad de todo tipo de animales y no los comportamientos extraños que pudieran demostrar si fueran conscientes de nuestra presencia.

Pueden emplearse multitud de hides diferentes, bien confeccionados por nosotros mismos o adquiridos en el cada vez más pujante mercado que se ha establecido al efecto, pero siempre hemos de ser conscientes que vamos a introducir en la naturaleza un elemento extraño, y que cuanto mejor se adapte al entorno en el que lo coloquemos menor será su impacto, de lo que dependerá en gran medida el éxito o fracaso de nuestro esfuerzo.

Cuando el lugar donde queremos instalar nuestro hide dispone de abundante vegetación, siempre encontraremos un rinconcito ideal para su ubicación lo más discreta posible, y con sólo unas redes de camuflaje y alguna ramita pequeña (no hay que pasarse haciendo desbroces y emplear más las redes, … y la imaginación) conseguiremos integrarlo en el entorno de forma que pase inadvertido.

El problema surge cuando el entorno carece por completo de vegetación arbórea o de matorrales, y se limita a hierbas estacionales; es decir, cuando nos encontramos en una zona esteparia. Tampoco debemos desesperarnos; siempre hay alternativas: usar telas con colores apropiados, aprovechar la orografía del entorno siempre que se pueda, y sobre todo emplear los elementos naturales que se encuentren a nuestra disposición.

Macho de Avutarda junto a hide de piedra:


Antaño, cuando no existían alambradas, y cuando los pastores se pasaban el día entero pendientes de su ganado, siempre expuestos a las inclemencias ambientales en un entorno carente de cualquier resguardo natural, era frecuente que construyeran pequeños refugios con piedras en los que cobijarse de vientos, lluvia y sol. En La Serena son frecuentes este tipo de construcciones, recibiendo el nombre de “Torrucas”, encontrándose hoy día en un estado de absoluto desuso y abandono. No obstante, la ubicación de algunas de estas precarias construcciones, y el hecho de estar perfectamente integradas en el entorno son una baza con la que podemos jugar en nuestro intento de aproximación a la escurridiza fauna esteparia. No en vano, desde generaciones las aves vienen considerando estos emplazamientos como algo natural que pertenece al paisaje, llegando algunas aves a construir allí sus nidos. El problema es que si unas simples paredes, generalmente con forma de ángulo eran suficientes para su propósito inicial, en absoluto lo son para el nuestro, e incluso a veces sólo hayamos restos de las primigenias construcciones, en forma de un montón de piedras; en consecuencia si queremos disponer de un lugar apropiado tenemos que poner manos a la obra. El trabajo es duro y sin duda nos llevará varias jornadas (que tendremos que desarrollar en una época del año en la que no produzcamos molestias), pero si nos esmeramos, y sobre todo si tenemos la suerte de contar con el asesoramiento de alguno de los constructores originales, el resultado será un hide que exteriormente diferirá poco de un montón de piedras.

Es cierto que las “torrucas” no se prodigan por todos los lugares que puedan interesarnos, o que las acumulaciones de piedras que pudieran servirnos de material constructivo tampoco. Pero si el tiempo hizo que las aves se acostumbraran a esos elementos, considerándolos como parte del paisaje, también pueden hacerlo con otros como la madera, siempre y cuando la pintemos convenientemente, y sobre todo dejamos que permanezca en el lugar el suficiente periodo de tiempo. Construir un hide de madera es más sencillo, y nos permite ubicarlo donde queramos, si bien su éxito dependerá en gran medida de la fijeza del mismo, es decir, de que permanezca en el lugar por un tiempo indefinido.

Grupo de Avutardas alrededor de hide de piedra:

Grupo de Avutardas cerca de hide de madera:

Machos de Avutarda:



Estos métodos de emplear hides fijos, si bien se han demostrado sobradamente eficaces, es obvio que no son adecuados si tenemos prisas, pues los resultados que con ellos se obtienen hemos de buscarlos a medio y largo plazo, meses o incluso años después de realizar los esfuerzos constructivos. Pero si lo que pretendemos es obtener un buen resultado garantizando en todo momento la seguridad de la avifauna y evitando cualquier tipo de molestia sobre ella, son ideales.

Desde hace tiempo la asociación ANSER mantiene activos una serie de hides fijos usados en un principio para observaciones de aves y realización de censos y estudios científicos, y permite su uso por parte de fotógrafos a cambio de un donativo que sirve a ANSER para disponer de unos fondos con los que llevar a cabo distintas actividades de conservación, y también ofrecer ayudas a los popietarios y/o arrendatarios de las fincas en las que se ubican estos hides fijos, tanto por su mantenimiento como sobre todo para mostrarles la rentabilidad directa que pueden llegar a ofrecerles algunas especies como las Avutardas, e implicarles con ello en su conservación. Esta actividad, tras más de doce años de funcionamiento, está perfectamente consolidada y su mayor interés radica en el hecho de que la gestión es llevada a cabo por una organización conservacionista, huyendo del modelo empresarial que impera en los países nórdicos, Hungría o Estados Unidos, motivo por el cual está siendo imitada en otros lugares tanto de Extremadura como de otras regiones españolas e incluso de otros países europeos.

La actividad, conocida en ANSER como “Proyecto Imagen y Naturaleza”, que se ha demostrado sobradamente respetuosa con las aves y con el entorno, cuenta como cabría esperar con las pertinentes autorizaciones de la Dirección General de Medio Natural, y dado el carácter conservacionista de la asociación ANSER, se toman todas las medidas necesarias para minimizar posibles molestias. Así, se limita el número de días de acceso a los hides de Avutardas, sólo se permite una persona por hide, se dan instrucciones muy precisas por escrito, y se entra en ellos siempre antes del amanecer (cuando todavía es de noche) no permitiendo la salida hasta que reina de nuevo la oscuridad plena, después de más de 15 horas en el interior, para evitar que las aves asocien a los fotógrafos con los aguardos o con la zona donde se ubican.
Macho haciendo el característico "Display" o rueda, para atraer la atención de las hembras:

La insistencia da sus frutos:

Desde el año 1.998, cuando se dieron los primeros pasos, he tenido la responsabilidad y la suerte (mi familia no opina lo mismo) de coordinar este proyecto de conservación, y durante este tiempo he prestado asesoramiento a un gran número de profesionales y aficionados de distintos países en la obtención de imágenes y filmaciones de avifauna esteparia. Y por supuesto he disfrutado de numerosas sesiones fotográficas y de observación de Avutardas y otras aves esteparias.

Además de las Avutardas, hay distintas especies de Aves que se aproximan con frecuencia a los Hides. Mochuelo:

Collalba Gris:

Grupo de Gangas:

Macho de Sisón:

Alcaraván:

En los siguientes enlaces diferentes fotógrafos relatan algunas de las experiencias vividas en los hides, y muestran imágenes (algunas hasta del interior). Sé que hay otros muchos, pero ahora mismo no los tengo a mano:
http://objetivoverdefotos.blogspot.com/search/label/Avutarda
http://chajurdo.blogspot.com/2009_06_01_archive.html
http://atahorma.blogspot.com/2009/04/el-sison_16.html
http://chanjaime.blogspot.com/2009/04/fotografiando-avutardas-i-i.html
http://www.naturalfoto.es/images/1345/344/
http://rafaruizfoto.blogspot.com/2009/04/historias-de-hide-en-la-serena-ii.html
http://www.ramonnavarro.net/naturaleza_view_image.php?i=13.jpg
http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/275277/
http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/233236/
http://www.miradanatural.es/fotousuario.php?id=22321&galeria=407

Aunque no tengo por costumbre dedicar los artículos de mi blog, en este caso voy a hacer una excepción, y dedico esta entrada, con todo mi cariño, a mi mujer y a mis hijos, a los que tanto tiempo he privado de mi presencia durante años debido a los menesteres antes descritos. ¡Siempre persiguiendo sueños! Va por vosotros.

Y una última cosa: A los que os apetezca, nos vemos en FotoFIO, donde expondré mucha más información en una ponencia.

martes, 12 de enero de 2010

Campaña de Conservación de Aguiluchos en La Serena

Macho de Aguilucho Cenizo en vuelo.


Hembra de Aguilucho Cenizo en vuelo.



Estamos a primeros de año, y por fin he terminado de escribir este artículo (con el que tantas veces me puse pero que por una u otra razón nunca terminé) sobre la campaña de conservación de Aguiluchos que ANSER lleva a cabo anualmente en La Serena, y de la que soy coordinador. He querido conservar aquellas palabras con las que comenzaba a finales de noviembre:
En estos días, antes de que finalice el año, y una vez terminados los tediosos trabajos “administrativos” asociados a la campaña de conservación de Aguiluchos en La Serena (recopilación y análisis de datos, cuentas de los gastos, cumplimentación de fichas para indemnizaciones, visita a agricultores y maquinistas…). En estos días por fin, cuando quedan lejos aquellas salidas al campo con largas jornadas a pleno sol, empezamos a hacer balance, y creemos que, un año más, nuestros esfuerzos han merecido la pena.

Otro macho en vuelo.


Y otra Hembra en vuelo:



No tuvimos un buen comienzo debido a las circunstancias climáticas, pues los días fríos de primeros y mediados de Abril hicieron que algunas parejas retrasaran las puestas, y más tarde la ausencia de precipitaciones y el fuerte calor de los primeros días de Mayo propiciaron el adelanto de la siega, que este año tuvo lugar a partir del 13 de Mayo (dos semanas antes de lo habitual). Estas circunstancias hicieron que muchos de los nidos estuvieran todavía con huevos en el momento de la recolección, y que ningún pollo llegara a volar antes de la misma. Aún dejando un espacio sin segar en torno al nido (lo que llamamos un “rodal”), las posibilidades de predación aumentan considerablemente, y son directamente proporcionales al número de días que los pollos permanecen allí; si se trata de huevos, el tiempo se incrementa aún más y por lógica las posibilidades de predación también.
Sin embargo el gran trabajo llevado a cabo por los voluntarios, que esta temporada localizaron y señalizaron 168 nidos antes de la siega (el 80% del total) y la colaboración de la práctica totalidad de maquinistas y agricultores, que saben lo que hay que hacer cuando se localiza un nido, por la información recibida no sólo durante esta campaña, sino por las de los años anteriores, han hecho que los resultados globales hayan sido bastante buenos, a pesar de las circunstancias indicadas anteriormente.

Macho de Aguilucho Cenizo aproximandose al nido, con una presa:



La hembra es la encargada de alimentar a los pollos en el nido.



Para empezar, el número total de nidos localizados (antes de la siega y durante esta) ha sido de 210, lo que supone un incremento de casi el 20% con respecto al año anterior. De ese total de 210 nidos, como se ha indicado, el 80% fueron localizados y señalizados por voluntarios, facilitando así la tarea de los maquinistas; en este caso también se ha producido un incremento del 12% sobre el año anterior. Hemos tenido un total de 44 voluntarios, con las siguientes procedencias:
- Alemania: 7
- Holanda: 1
- España 36. De ellos:
• Extremadura: 17
• Madrid: 16
• Salamanca: 2
• Euskadi: 1
El número total de pollos volados este año asciende a la cantidad de 334, pertenecientes a 153 nidos productivos, y por tanto con una tasa de vuelo de 2,71 y una productividad global de 2,02. Estos datos son peores que en las dos temporadas anteriores, pero precisamente en las dos temporadas anteriores las circunstancias climáticas fueron muy favorables, con lluvias frecuentes que retrasaron la siega y que hicieron que más del 65% de los pollos en 2.007 y casi el 50% en 2008 consiguiera volar antes de la siega, frente al cero absoluto de este año; si efectivamente, debido a ese adelanto de la siega, este año no voló ni uno solo antes de que las máquinas empezaran a segar. Y comparando esos datos con los de 2.006, que puede considerarse un año normal, son igualmente positivos, si tenemos en cuenta que en ese año la tasa de vuelo fue de 2,65 y la productividad de 1,44.

Pero no queremos ser excesivamente triunfalistas. Si se han conseguido estos resultados ha sido gracias al esfuerzo de muchas personas y a la buena disposición de la Dirección General de Medio Natural que cada año organiza y coordina la campaña de salvamento de Aguiluchos en toda Extremadura, sufragando buena parte de los gastos. Gracias a unos y otros muchos pollos de Aguilucho han volado este año, pero otros se han quedado en el camino, e incluso un reducido número de ellos han muerto de forma intencionada.

A continuación se relacionan los voluntarios que han colaborado en la campaña:
Juan Antonio Barquero, Brigitte Geiger, Gottfried Geiger, Wolfgang Dreyer, Uli Thiedemann, Caludia Nägler, Sinikka Lennartz, Jonas Geburzi, Sarah Daum, Hans-Martin Krause, Jan Ploeger, Ruurd-Jelle van der Leij, José Antonio Nieto, Víctor Manuel Quintana, Agustín Sanabria, Roberto Villalba, Águeda J. Mateos, Yasmina Annichiarico, Natalia Franco, Catalina Carmona, Mª Teresa Tena, Manuel Hurtado, Antonio Gallego, Antonio Arcones, Mª José Márquez, Mª Carmen Márquez, Héctor del Rey, Dani Merino, Juan Hoyos, Juan Moreno, Luis J. Bernardez, Leonor Torrado, Jesús Sánchez, Miguel del Rey, Maite San Blas, Eduardo Juarez, Javier Montero, José Cabrera, Sonsoles Alberti, José Almorox, Zugaritz Bizcaya, Manuel Calderón.
¡GRACIAS A TODOS!

Voluntarios localizando nidos. Es imprescindible un seguimiento de las aves, a veces durante horas y a pleno sol.


Buscando imágenes de grupo me he dado cuenta que las horas de trabajo en el campo es lo que menos tengo registrado en imágenes. Me he tenido que conformar con esta en la que, aunque no estamos todos, estamos "bien requetealiñados" y disfrutando de una magnífica cena. Sin embargo detrás de esta imágen hay muchas horas de trabajo duro en el campo.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Festival de las Grullas en Extremadura

Grulla en primer plano:


Adulto y joven de Grulla en dehesa:


Grullas en dehesa:


Grullas en dormidero:




ANSER participa como entidad colaboradora en el Festival de las Grullas en Extremadura 2009, que promueve la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Extremadura, agrupando las iniciativas que desarrollamos las distintas organizaciones que nos ocupamos del estudio, la conservación y la divulgación de estas aves.

ANSER ya propuso en 1.998, con la edición del libro sobre “La Grulla Común en La Serena”, que la invernada de grullas en nuestra región debe entenderse como un importante recurso turístico, que todos los extremeños, empezando por las administraciones públicas, deben y debemos promover y potencicar, por el hecho de constituir un signo de nuestra identidad como región, a la vez que una importante fuente de ingresos a través del turismo. Más información: http://www.festivaldelasgrullas.com

ANSER tendrá un puesto en Moheda Alta los días 5 y 6 de Diciembre, con material informativo y divulgativo, y con su habitual tienda verde.

Libreto sobre la Grulla (20 páginas):

Cuento sobre Grullas:

Libro sobre la Grulla en Europa. Textos en inglés. Coordinador: Göran Lundin.

Juego de láminas sobre Grullas y otras aves: