lunes, 21 de marzo de 2011

Energía Nuclear, Terremotos y Japoneses.



El reciente terremoto de Japón no ha hecho sino poner de manifiesto que toda la tecnología del mundo sirve de muy poco cuando la naturaleza se desata y nos muestra toda su fuerza y crudeza. La aparente seguridad de las plantas atómicas niponas ha sido puesta en entredicho al no soportar algunas de ellas el envite que sus constructores y defensores se jactaban asegurando que estaban en condiciones de soportar. Aún tratándose de una situación de alta gravedad, lo verdaderamente alarmante e impactante, es que esto no ha ocurrido en el tercer mundo, sino en el país con mayor grado de tecnología a nivel planetario, y con personal técnico caracterizado por el espíritu perfeccionista y trabajador propio de los japoneses, lo que podría calificarlas como las plantas atómicas mejor controladas del mundo.



Y esto ha ocurrido cuando en la vieja Europa (y por ende en España) se estaba abriendo de nuevo el debate sobre la Energía Nuclear. Pero veamos las características de ese debate, que enfrenta a partidarios y detractores de este tipo de energía.

Los que están a favor argumentan básicamente que es una energía limpia al evitar emisiones de CO2, es barata en comparación con otras fuentes, asegura un suministro de energía constante, no hace depender del exterior, y el combustible además de ser relativamente barato, no se ve sometido a las fluctuaciones de precio de otros como el petroleo.

Sin embargo detrás de esos argumentos existen sencillos razonamientos que llegan a desmontarlos por completo:
Cuando se dice que es una “energía limpia” se recurre siempre al petróleo para establecer la oportuna comparación, en tanto evita emisiones de CO2. Pero si tenemos en cuenta que la principal causa de las citadas emisiones no es otra que el transporte por carretera (causante del 35% de las mismas), y en menor medida del aéreo (18%) poco pueden hacer las centrales nucleares para solucionar el problema del CO2, vamos, mientras no se inventen vehículos o aviones que funcionen a base de energía nuclear. Se omite el hecho de que la producción de uranio conlleva grandes emisiones de CO2, tanto en el proceso de extracción, procesamiento y transporte. Y no acaba aquí la cosa, porque al calificar a la energía nuclear de “limpia” parece que se la quiere presentar como algo impoluto, cuando no hay nada más lejos de la realidad, en tanto que genera los consabidos resíduos con una duración de varios miles de años. No hablemos ya de accidentes, como el ocurrido en Japón, que está produciendo una contaminación mortal que dejará desierta una superficie de centenares de kilómetros cuadrados, en los que no se sabe cuándo se podrá entrar; de momento las localidades próximas a Chernobil (25 años después) siguen cerradas por tiempo indefinido. Ciudades y pueblos fantasma. Miles de personas desplazadas que tuvieron que huir con lo puesto, dejándolo todo: hogares, muebles, enseres, recuerdos,...

Imagen del Accidente de Chernobyl.


Zona de máximo peligro para las personas tras el accidente de Chernobyl. Como puede apreciarse el área es más extensa de lo que podría parecer.



Los restos del accidente: una zona muerta por tiempo indefinido.





Al decir que es una energía barata se está comparando de nuevo con el petroleo, y la comparación es tan simple como poner en un lado el precio del combustible nuclear y en el otro el petroleo necesarios para producir un kilovatio de electricidad. Lo que no entra en esa comparación es el coste de la construcción de ambos tipos de central: menos de 500 millones de Euros para una central térmica de ciclo combinado (a base de gas), y poco más para una a base de fuel, frente a los 5.200 millones de Euros para una de tipo nuclear. Ese precio total se debe repercutir en el kilovatio, si queremos que la comparación sea válida. Pero no es lo único que se debe repercutir, pues también están otros temas como los gastos de mantenimiento o de seguridad, y como no, los de gestión de los residuos.

Dicen que asegura un suministro de energía constante. Siguiendo los intereses nucleares, esta comparación la hacen con una planta fotovoltaica o termo-solar que en teoría suministra energía sólo durante las horas de luz, pues las demás centrales también pueden producir de forma constante. Sin embargo hasta en las termo-solares se está solucionando el problema al sustituir el aceite por sales industriales derretidas, que mantienen el calor durante la noche y permiten un flujo de producción de energía en horas nocturnas cercano al que tienen durante el día.

También se dice que la energía nuclear no nos hace depender tanto del exterior como el petroleo. Otra falsedad. Las minas de uranio de nuestro país están agotadas y cerradas desde hace años, y los productores a nivel mundial son Canadá (33%), Australia (24%), Kazakhstan (10%), Rusia (10%), Nigeria (10%), Namibia (6%), Uzbekistán (5%), y el resto repartido entre Estados Unidos, Ukrania, Sudafrica y China (2%). A eso hay que añadir que el uranio no puede utilizarse tal cual se extrae de la naturaleza, sino que necesita un complicado proceso de transformación que está básicamente en manos de 4 paises a nivel mundial: Estados Unidos, Francia, Rusia y China. Está claro que en nuestro caso el proveedor directo es Francia, un pais vecino y miembro de la Unión Europea, pero al no tener producción propia, tiene que importarlo de los países mencionados, que no son nada cercanos, y en algunos casos están expuestos a posibles revueltas. Luego está el tema del transporte desde el país vecino hasta las centrales españolas, que se hace por barco hasta Cádiz y desde allí por carretera: un cargamento mortal recorriendo nuestras costas y carreteras cada cierto tiempo.

Nos queda lo de que es un combustible barato. Barato ¿comparado con qué? ¿otra vez con el petroleo? ¿con energías renovables? El precio del uranio no ha dejado de subir desde 1.980; sólo en el último año se ha encarecido más de un 30%, debido a que la producción no para de disminuir desde los años ochenta. Y sobre todo y más importante: barato porque el precio que se maneja es exclusivamente el de compra, y no se tiene en cuenta la gestión de ese combustible una vez agotado, es decir, los residuos. ¿Cual sería su precio final si se incluyera la gestión de los residuos? Sencillamente incalculable.


Evolución mundial de la producción de Uranio y precio del mismo.




Reactor nº 3 de la Central Nuclear de Fukushima tras una explosión.



Y llega el momento de hablar de los residuos. Estos lo componen tanto el propio combustible nuclear una vez agotado, como aquellos componentes que hace falta sustituir por desgaste y que tuvieron contacto con el mismo.

En España la empresa pública ENRESA (financiada en su mayor parte con nuestros impuestos) se hace cargo de todos los resíduos radiactivos de nuestro país. Ojo, de todos: de los que se producen en hospitales, centros de investigación y centrales nucleares. Es decir, mientras que la gestión y explotación de las centrales nucleares es de titularidad privada, según nuestra legislación, los resíudos los administra obligatoriamente ENRESA, estando obligadas las empresas propietarias de las centrales nucleares a abonar una cuantía, fijada en el BOE, para la cofinanciación de la empresa pública. Resumiendo: las empresas privadas propietarias de las centrales nucleares españolas asumen los gastos directos de la compra del combustible nuclear, del funcionamiento del reactor, mantenimiento general de la planta y seguridad interna, así como de una parte del almacenamiento de los resíduos, pero el resto lo pagamos entre todos. La cuestión más importante es que los resíduos más peligrosos, los de alta duración como el plutonio, siguen en las piscinas de las propias centrales nucleares, y cuando estas dejen de funcionar en nuestro país (la mayoría ya deberían haberlo hecho) los residuos seguirán estando ahí (o donde sea), y habrá que seguir gestionándolos, pero entonces las empresas propietarias de las centrales no tendrán la obligación de seguir realizando su aportación, por lo que seremos todos los españolitos los que paguemos con nuestros impuestos la factura íntegra de ENRESA. De hecho los resíduos procedentes del desmantelamiento de Vandellos-I (primera central desmantelada en España), que temporalmente se encuentran en Francia para ser reprocesados (por un precio considerable como cabía esperar), este mismo año volverán a nuestro país, y aunque con un volumen reducido a 100 bidones habrá que guardarlos en algún sitio. Esperemos que sea en “El Cabril”, único lugar habilitado en España para el almacenamiento de este tipo de materiales, y no en la Mina del Lobo (Extremadura) donde sin ningún tipo de control se hayan depositados los 577 bidones procedentes del desmantelamiento del reactor nuclear experimental del antiguo CIEMAT (http://elmineraldigital.blogspot.com/2009/04/la-mina-lobo-la-haba-badajoz-html). Y si tenemos en cuenta que algunos de esos residuos tienen una vida media de 24.000 años, buena herencia le vamos a dejar a nuestros descendientes.

Intentos por enfriar uno de los reactores de Fukushima mediante el vertido de agua de mar desde helicópteros. La operación ha sido comparada a la de intentar apagar un incendio forestal con un botijo. Sin contar el peligro radiológico para los tripulantes de los aparatos.




Como vemos, la energía nuclear tiene un coste muy elevado. Para empezar, la construcción de una planta atómica implica, como hemos visto, una inversión verdaderamente escalofriante, que sólo se amortiza al cabo de muchos años, pero esto también tiene su trampa: ese coste se refiere exclusivamente a la construcción, y por tanto no incluye ni el mantenimiento ni mucho menos la gestión de los residuos. Y siguiendo con los costes, qué decir del correspondiente a seguridad: Una Central Nuclear requiere un coste de unos 130 millones de Euros anuales en mantenimiento, incluyendo los sistemas de seguridad privados, pero no los públicos (medios materiales pero sobre todo medios humanos) que el gobierno pone al servicio de las plantas atómicas. Siempre se ha pensado como problemas extremos las situaciones de guerra o de terrorismo, pero ahora vemos que una catástrofe natural puede ser incluso más peligrosa tanto por la incapacidad de su predicción como por el grado de devastación que puede causar. Dificilmente podemos tener el problema de Japón producido por un Tsunami, pero es necesario recordar que estamos dentro de una zona sísmica, y que todas las centrales nucleares españolas se refrigeran con el agua de embalses cuyas murallas difícilmente resistirían un terremoto de grado 7. Sin agua para la refrigeración, estaríamos en el mismo caso de Japón.

A principios del siglo XX la tecnología humana ya presumía de construir “barcos insumergibles”. Pero tuvo que ocurrir la tragedia del Titanic para que nadie en su sano juicio se atreva (más de un siglo después) a calificar de tal forma a una embarcación. Hasta ahora los defensores de la energía nuclear la califican de muy segura, a pesar de haber habido no pocos accidentes, algunos de ellos muy graves, cobrándose más vidas incluso que el naufragio del Titanic, pero en los tiempos que corren parece que hemos aprendido a asumir las desgracias masivas como algo inevitable y connatural al empleo de la tecnología.



Casi todos los problemas que pueden ocasionar las centrales nucleares podrían incluirse (y de hecho así ocurre) dentro de esos riesgos que nuestra sociedad (o al menos una parte de ella) está dispuesta a asumir a cambio en este caso de disponer de abundante energía. Pero es obvio que los residuos nucleares no pueden incluirse en este cajón. Hipotecar la vida y la salud de las generaciones venideras a cambio del bienestar de ahora, o como siempre se ha dicho “pan para hoy y hambre para mañana” no puede seguir siendo una forma válida de pensar.

Cuando nos intentan vender lo nuclear como una fuente de energía “necesaria”, siempre omiten el tema de los residuos, a sabiendas que mientras el resto de argumentos pueden tener seguidores o detractores, el de los residuos no permite comparación alguna. En su día fueron arrojados al mar (buena parte de ellos frente a las costas gallegas) por considerar que este era un sitio seguro, y supuestamente ahí siguen. Luego se habló de almacenamientos geológicos profundos de larga duración, y más recientemente de depósitos temporales ¿Hasta cuando? Si ha ocurrido una desgracia como la de Fukushima en Japón debida a un terremoto, ¿no puede ocurrir algo parecido a largo plazo con un almacén? Todo parece seguro hasta que no lo es. Y entonces ¿que haríamos y sobre todo qué harían los habitantes de las zonas cercanas?

¿Pero quién está detrás de la promoción de la industria nuclear? Hasta ahora la antigüa URSS y China producían sus propios reactores y tecnología auxiliar, pero la mayor parte de centrales del mundo eran fabricadas por empresas americanas: Whestinghouse, American Elenctric, American Atomic,... Sin embargo, a pesar de que las citadas empresas sean de nacionalidad americana son grupos financieros japoneses los que acaparan buena parte de las acciones de las mencionadas compañías, al tiempo que el país nipón se ha iniciado en la construcción de reactores nucleares. Mitsubishi Heavy es una de ellas, y Thoshiba Corp da los últimos retoques al diseño de su reactor Thoshiba 4S con unas necesidades de vigilancia y mantenimiento inferiores a los actuales, y dirigido fundamentalmente a los países emergentes. Como buenos japoneses, siempre abaratando costes.

Cuando hablamos de países emergentes nos estamos refiriendo más o menos al tercer mundo; países de África, Sudamérica y Asia, donde la opinión pública cuenta poco o nada y donde el nivel cultural es lo suficientemente bajo como para engañar a la población con las supuestas bondades de la energía nuclear. Hasta ahí llega la codicia de algunos.

Y ahora toda la tecnología, el buen hacer, el orden, la competencia y el prestigio industrial japones se han venido abajo, y piden ayuda al resto del mundo para controlar una situación que a todas luces es incontrolable. Porque las radiaciones van a seguir saliendo y diluyéndose por la zona y por donde el viento la lleve, que en su mayor parte será el Océano Pacífico. Otra vez el mar se lo traga todo. !Hasta cuando! Y de todo lo que ocurra, al final sabremos lo que quieran contarnos.

No olvidemos que Japón, el país de la tecnología, del orden, y del progreso, caracterizado por la armonía de su entorno, se viene dedicando en las últimas décadas a esquilmar los recursos naturales de medio mundo: bosques tropicales arrasados para construir sus bonitas casas de madera, pesca intensiva que ha llegado a esquilmar especies como el Atún Rojo, algunos Tiburones, y no olvidemos su “pesca científica de Ballenas”, minería brutal en países del tercer mundo,... toda la basura y la mierda bien lejos de sus impolutas casas.

No es momento de ensañarse con quien ha sufrido semejante desgracia y por ello estas últimas palabras son de respeto, de apoyo y de ánimo hacia los japoneses para salir adelante, como ya lo hicieron en el pasado, pero también para pedirles que aprendan la lección y recapaciten sobre su forma de actuar a nivel planetario.

Un terremoto, un atentado terrorista, un desgaste de material o un fallo humano viene a ser lo mismo, y por ello ninguna sociedad debería asumir el riesgo de la industria nuclear, cuyas consecuencias nos superan a todos. Es el momento de aprender la lección e ir programando el cierre paulatino de todas nuestras centrales nucleares. Primero el cierre, y luego veremos qué se hace con los resíduos. Cuando llegamos a casa y nos encontramos un grifo abierto que está inundando nuestra hogar, no se nos ocurre empezar a recoger el agua dejando el grifo abierto; lo primero es cerrarlo, y después recogemos el agua. Pues en este caso igual: lo primero el cierre. Irá gente al paro, como es lógico, si bien todos sabían el tiempo de duración de las centrales cuanto estas se construyeron; pretender alargar ese tiempo es aumentar el riesgo más allá de lo necesario, y hacerlo aduciendo que no ha habido fallos ni accidentes graves parece de risa. !es que hay que esperar a que se produzca un accidente grave para que los más convencidos pierdan su confianza en toda la supuesta seguridad nuclear!



Y si un día de estos alguien descubre la fórmula para convertir en inocuos los resíduos nucleares, a partir de entonces se puede hablar de desarrollo nuclear. Hasta entonces lo más sensato es el cierre y desmantelamiento de todas las centrales.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Por fin mi web



Años diciéndome a mi mismo: "tengo que sacar un hueco para hacerme una web". Todo se limitaba precisamente a eso, disponer de tiempo. De hecho, la aparición en su día de este blog conllevaba el obligarme a presentarla en pocos días,... pero siempre surgía algo que me ocupaba el tiempo, y cuando no era ese el motivo, surgía otra cuestión que se confabulaba contra mis propósitos. Sin embargo, las pasadas navidades, en medio de una conversación con unos amigos, uno de ellos nos contaba sus firmes propuestas para el nuevo año (que no eran pocas) y tras unos minutos de comentarios y risas intervine diciendo: "pues yo sólo me voy a hacer un propósito para 2011...", y quizá se hubiera quedado en un proyecto más si no hubiera recibido en ese momento un gran aliciente: el de quien, entre risas, respondió "y de dónde vas a sacar tu el tiempo". Y como a cabezón no hay quien nos gane a cada uno (reconozco que llevo mi parte, como buen español, pero no de forma exclusiva, claro está), pues de inmediato me puse con ello. En el camino ha quedado el antiguo dominio que tenía reservado desde hace años, y que da nombre a este blog. No me voy a poner a contar aquí los motivos de este cambio, sólo que a partir de ahora este será el nombre que me identifique, y claro está, con nuevo blog incluido. Este seguirá activo al menos durante el resto del año, pero la idea es irlo combinando y al final cambiarlo.



Aunque el contenido de mi web sólo está al 50% más o menos, no he querido demorar más la presentación, porque el proceso de ir seleccionando, tratando y subiendo imágenes se me hace eterno. Es cierto que ya son casi dos meses en que el trabajo ha sido casi a diario, pero todavía me queda mucho. Otro tanto quizá.



¿Y cómo me las he ido arreglando? Pues en primer lugar he decidido hacer todo el trabajo con el portátil. Ya se que con ello pierdo algo de calidad, pero vamos, como yo soy poco manitas del photoshop, no creo que se note mucho. Otra cosa sería que un año de estos hiciera un curso de Lightroom, pero ese es otro propósito que por ahora no está ni valorado. Y haciendo las cosas con el portátil siempre se tiene la posibilidad de sacar algún ratito: la hora de la siesta, cuando ves la tele con la familia, cuando sales fuera para dar alguna charla o por otro menester, en el ratito del desayuno, hasta incluso en la sala de espera del dentista, mientras espero las sesiones de ortodoncia de mi hijo. Por cierto, no quiero dejar de contar una anécdota al respecto; resulta que en una de estas, estoy con mi ordenador trabajando unas fotillos y hay dos chicas al lado enseñándose fotos con el móvil y diciendo una de ellas que quería pasar una en concreto a la pantalla, pero que tenía muy mala luz. Se me ocurrió decirle que se podía corregir con photoshop, y al ver lo que yo hacía en ese momento me pidió si podía ayudarla. La foto en cuestión tenía un fuerte contraluz, pero una vez corregido y ajustados los colores mejoró bastante; tanto que la chica quedó encantada y elogiando mi destreza.... NADA MENOS.



Bueno, después de esta anécdota sólo añadir que, ya que estoy con ello, voy a hacer lo posible para completar el trabajo que me he propuesto antes de Semana Santa. Hasta entonces (y también después) todo el que quiera echar un vistazo, aquí tiene el sitio:

www.bionaturfoto.es

Acompaño a este texto, como cabía esperar, algunas imágenes que ya están en la web.















domingo, 12 de diciembre de 2010

FOCAS EN DONNA NOOK

Durante los días 26 al 29 de Noviembre realicé un viaje fotográfico a Donna Nook en compañía de dos grandes fotógrafos y mejores compañeros: Juan Carlos Muñoz (pero ojo, el del Sur) y Daniel Jiménez. Las expectativas eran altas, tanto por tener la oportunidad de fotografiar focas en semejante entorno, como por el hecho de realizar el propio viaje y la estancia en compañía de unos grandes amigos, con los que en ocasiones anteriores tanto me había reído, y en general había pasado tan buenos ratos. A pesar de ello hoy puedo decir que esas expectativas fueron felizmente superadas.



Son muchos los artículos que pueden verse en la red sobre Donna Nook y las focas, y por tal motivo no tenía pensado dedicar una entrada en el blog a este tema (máxime cuando tengo en mente otras muchas cosas que mostrar desde hace tiempo); no obstante las llamadas y los correos recibidos en los días posteriores al regreso, por parte de distintos compañeros que tenían o tienen previsto hacer el mismo viaje este mes, unido a la selección de imágenes que hice durante parte del puente, cuando la lluvia (y los controladores aéreos) no daban cuartel, me animó a escribir este texto y publicar así la presente entrada.



No voy a hablar aquí, por considerar que está suficientemente documentado, de cosas como la historia de Donna Nook, comenzando por el propio nombre y terminando por la creación del campo de tiro de la RAF, ni tampoco de la importancia del enclave para las focas, ni de la espectacular concentración de estos animales en el lugar, ni siquiera del tortuoso camino que hay que recorrer para acceder al mismo.

En lo que me voy a centrar es en lo que me preocupaba antes de hacer el viaje, y a tenor de las preguntas que me han hecho otros fotógrafos, en las preocupaciones generales de aquellos que en un momento dado tomamos la decisión de acudir a este sitio en particular, para fotografiar focas. Esas cuestiones son básicamente el control sobre los fotógrafos (en el acceso a la playa), el mejor horario para fotografiar, la forma de combatir el frío, el equipamiento necesario y la protección de este, y además una serie de apreciaciones personales.

Foca jugando con su cachorro. Imágenes tomadas desde la valla.


Madre e hijo disfrutando como enanos, a pocos metros.


Para mí, el cachorro está riendo.


Comenzando por el control de acceso a los fotógrafos, desde hace años se viene especulando con la posibilidad de que cierren el acceso de fotógrafos a la playa, bien de forma total, o bien que se restrinja el número de personas, y que se exija una autorización especial. Por el momento lo que hay son unos informadores que te explican que no es recomendable pasar a la playa, y las razones que exponen para ello es que existe un alto grado de mortandad de bebés foca debido a las molestias, y que al mismo tiempo es posible fotografiar a los animales desde la valla sin causarles molestias. Cuando tu les dices que quieres pasar a la playa para tomar imágenes diferentes, que vienes de muy lejos para ello, y que vas a respetar en todo momento a los animales asegurándote una oportuna distancia y usando siempre teleobjetivos, se limitan a sonreír y a decirte que de acuerdo, pero que tengas en cuenta que van a vigilarte con prismáticos y si observan un mal comportamiento irán a expulsarte.

Comienza a nevar.




Estamos ante la eterna lucha del fotógrafo de naturaleza: tener que demostrar en todo momento un profundo respeto por la naturaleza, y la total inocuidad de sus acciones, o como mínimo una muy escasa afección al entorno. Vamos por partes.
Todo el mundo habla de una posible restricción en el acceso. ¿Pero es que no existe ya? Si a la playa sólo se permite el acceso durante los fines de semana, es decir, dos días de cada siete, ¿no es eso una restricción importante?

El fuerte viento reinante transporta gran cantidad de arena.


Los informadores dicen que “es posible fotografiar a las focas desde la valla”, y tienen toda la razón. De hecho algunas de las imágenes que más valoro de cuantas hice en este viaje, están tomadas desde la valla; pero también es cierto que otras de igual valor las tomé en el rompiente de las olas. También te hablan de “un alto grado de mortandad de bebés foca debido a las molestias”.





Cuando tu llegas un sábado a primera hora y descubres algunos cadáveres que te parecen más o menos recientes, pero con algo de arena por encima, lo que te hace pensar que con toda seguridad llevan allí uno o dos días a lo sumo, caes en la cuenta que debieron morir cuando no había fotógrafos en la playa. La confirmación definitiva la tienes al día siguiente, cundo compruebas que la arena ya cubre algo más los cuerpos, confirmando que la datación anterior es correcta. Alguien podría pensar que los cachorros muertos fueran abandonados el fin de semana anterior (cuando había fotógrafos), pero para ello tendrían que haber estado abandonados y agonizantes un mínimo de 4 ó 5 días, lo que en una edad tan corta y con unas condiciones climáticas tan adversas me parece muy poco probable. Pero vamos a la cuestión más importante: ¿realmente las muertes de los cachorros de focas se deben a las molestias de los fotógrafos? Tal y como los informadores lo expresan, parece ser que si, pero preguntando y buscando en la red no he encontrado ningún estudio realizado en la zona que avale tal aseveración. Aprovecho para pedir aquí que si alguien conoce algo al respecto, por favor, que lo diga. Tampoco he encontrado estudios sobre los efectos de la contaminación en la zona, para los que sería imprescindible atrapar animales y tomar muestras. Sin embargo para conocer la incidencia de los fotógrafos sería muy fácil balizar una parte de la playa y prohibir el acceso a la misma, y después comprobar si en ese espacio la mortalidad de cachorros es menor, o llegar todavía más lejos, comprobando si las focas prefieren en mayor o menor medida ese santuario, o por el contrario no les importa compartir espacio con los fotógrafos. Pero un estudio tan simple quizá no se realice, no vaya a ser que ofrezca unos resultados que no interesen.







No se puede negar que la fotografía de naturaleza tiene el lastre de cierta leyenda negra, en mi opinión más por imaginación que por realidad, pues muchas de las opiniones negativas que hay por ahí son de oídas y las transmite gente que ni se ha molestado en ver cómo se hacen las cosas (lo digo con conocimiento de causa, por haberlo sufrido en relación a los hides de Avutarda de ANSER) pero también es cierto que como en todos los colectivos y en todas partes, existen individuos indeseables, y uno solo de estos puede hacer un gran daño a la mayoría. En el caso particular que nos ocupa, es cierto que circulan por ahí algunas imágenes en las que claramente se puede apreciar una aproximación exagerada y hasta una interacción desmedida con las focas. Pero insisto que para opinar primero hay que ver. Y al menos los que hicimos juntos este viaje no vimos en ningún momento comportamientos negativos por parte de los fotógrafos que allí nos dimos cita, y no creo que fuera por la vigilancia de la que nos advirtieron, pues desde donde estábamos los informadores no nos podían ver ni con prismáticos, ni con telescopio ni con nada. Por el contrario si vivimos experiencias verdaderamente curiosas, en las que estando en un punto fijo, las focas se aproximaron a nosotros por pura curiosidad, llegando a situarse a menos de un metro, y obligándonos a retirarnos para poder estar a una distancia mínima de enfoque. Al mismo tiempo se veían algunos individuos que se mostraban recelosos a gran distancia. ¿Qué significa todo esto? Pues sencillamente que, lo mismo que las personas, en el mundo animal hay tantos temperamentos y caracteres como seres; desde el más osado al más temeroso, y desde el más curioso al más recatado. Y el que crea que todos los animales son iguales, se equivoca.



Llegados aquí, yo lanzo esta pregunta: Los que no hayan vivido la experiencia ¿qué tipo de comentarios podrían hacer si alguien presenta, con toda intención o sin ella, una fotografía de ese momento en que la foca, por propia iniciativa avanzó hasta situarse a pocos centímetros de nuestro teleobjetivo? Pues seguro que la mayoría no diría nada bueno.

Persecución de machos.


Las peleas entre machos no suelen ser frecuentes ni durar mucho.


Primer plano de macho después de una pelea.


Pero sigamos con el segundo punto que planteaba, el referido al mejor horario para fotografiar en la zona. Todos los artículos que leí antes del viaje, y la información directa que me dieron indicaba lo mismo: lo mejor estar en el sitio lo antes posible, a primera hora, dentro por supuesto del horario de marea baja. Esto puede hacernos pensar que el madrugón es imprescindible para conseguir las mejores luces o una mayor actividad de las focas, o el mejor sitio donde ubicarse. Sin embargo lo que puedo decir es que a primeras horas no tienen por qué conseguirse mejores luces, pues lo habitual en la zona es que el cielo esté cubierto, y si hay una luz tamizada, en mi modesta opinión es preferible que esté alta y no baja (cuestión de gustos quizá). Lo que sí es cierto es que a primera hora se produce la gran avalancha de fotógrafos en la playa, y que el rompiente de las olas se encuentra casi a contraluz (cuando hay algo de sol, claro está) y que en torno a mediodía la gente se va retirando (posiblemente los fotógrafos locales se vayan a comer), con lo cual durante la tarde en la playa sólo están las focas y algún que otro fotógrafo aislado. El primer día a partir de las 14:00 estuvimos 4 personas, y una hora más tarde sólo mi amigo Dani y yo, mientras que el segundo día, el mismo compañero de fatigas y quien suscribe tuvimos la suerte de estar solos con un montón de focas desde las 12:00 hasta el final de la tarde, porque estaba nevando y se preveía empeoramiento, aunque al final el tiempo mejoró y hasta tuvimos momentos de sol (los meteorólogos británicos también se equivocan). Resumiendo: cada uno contará la experiencia tal y como la vivió, pero visto lo visto, en mi opinión no hace falta madrugar, y por el contrario, sí creo muy conveniente aprovechar el día hasta el final; la soledad y la luz del atardecer incidiendo directamente sobre el rompiente de olas puede tener su recompensa.

La calidez de las luces del atardecer incide directamente sobre el rompiente de las olas.




Atardecer en la playa.


Y siguiendo con las preguntas que planteaba inicialmente, le toca el turno a la forma de combatir el frío. Debo decir que nos tocó un tiempo de perros, con temperaturas siempre bajo cero (la prueba es la gran nevada que tuvimos en la misma playa), y con el camino de acceso completamente helado, pero puedo asegurar que nunca pasé un frío demasiado intenso, y por supuesto nada de extremo como aseguran algunos. He pasado más frío en La Serena con las Grullas; y no digamos en Gallocanta. El equipamiento quizá tuvo mucho que ver. El mismo era el que uso habitualmente para esquiar: ropa interior térmica, pantalón para esquí, camisa, forro polar, chaquetón y guantes de esquí, gorro, y olvidé en el alojamiento las gafas de ventisca (que me hubieran sido muy útiles en algún momento). Bueno, añadí también un chaleco acolchado y un chubasquero. Con esa ropa siempre estuve cómodo, y los únicos problemas que detecté fueron los derivados del uso de guantes, que me hicieron perder un buen número de fotogramas de interés, pero a cambio me mantuvieron las manos calientes durante todo el tiempo. En cuanto al calzado, usé botas de goma, empleando un truco adicional proporcionado por un amigo del ejército: dos pares de calcetines, y encima (entre estos y la bota) papel de periódico para absorber la humedad y mantener los pies calientes. Nunca lo había probado y funcionó a las mil maravillas.

No sólo se fotografían focas en la playa de Donna Nook.


Por lo que respecta al equipamiento necesario y la protección de este, poco puedo añadir a lo mucho que hay publicado al respecto. Las condiciones son extremas: frío intenso, lluvia, nieve, viento que arrastra arena… una verdadera prueba de fuego para nuestros equipos. Comenzando por las ópticas, casi siempre utilizamos 200-400 y en menor medida 70-200 + 1.4 (llevé dos cuerpos para no tener que cambiar en plena faena). El uso de ópticas más cortas requerirían unas aproximaciones no recomendables si queremos garantizar el bienestar de los sujetos.



La utilización de una funda que cubra nuestro teleobjetivo y la parte frontal del cuerpo es imprescindible (a pesar de reducir la maniobrabilidad del zoom), pero en cualquier caso siempre queda al descubierto la lente y la parte trasera de la cámara. La lente es imprescindible, y por ello se impone alguna que otra limpieza, a veces de una forma que en condiciones normales consideraríamos temeraria; pero es lo que hay. En cuanto a la parte trasera de la cámara, mi amigo Dani se inventó un truco casero digno de mención: utilizó un gorro de ducha (de esos que te dan en los hoteles) que ajustaba perfectamente a la cámara con el elástico, y haciendo un pequeño agujero en el visor, todo resuelto. Por último aconsejo llevar un taburete, pues aunque muchas imágenes se obtienen a ras de suelo, tumbándote en la arena, otras muchas se consiguen a una altura ligeramente mayor: justo la que se consigue al estar en cuclillas o arrodillado (sufriendo en definitiva), … o cómodamente sentado. Y la verdad, para aguantar horas y horas, el taburete ayuda mucho.





Y para finalizar voy a exponer, como decía, algunas apreciaciones personales. Como he defendido muchas veces, en los tiempos en que nos ha tocado vivir, la naturaleza debe entenderse como un conjunto de recursos naturales que debemos cuidar y mantener, y la mejor forma de hacerlo es conseguir que produzcan una rentabilidad económica en las poblaciones locales. Donna Nook tiene el recurso de las focas, y por lo que he tenido la ocasión de ver en mi corta estancia, así como por las informaciones que me han proporcionado otros muchos fotógrafos que han visitado la zona, no está siendo devastado ni asolado por los fotógrafos como para imponer más restricciones de las que ya hay. Hablo de los fotógrafos, no de lo que pueda hacer la RAF, ni de los recorridos por la playa de los vehículos de Guardacostas. Por tanto, la polémica en torno a los fotógrafos en mi opinión no es más que la de siempre; la que sacan a relucir algunos. Y repito que no hay nada peor que hablar y opinar sin saber.

Foca con plástico en torno al cuello.


En este caso el plástico se ha incrustado en la piel.


vehículo de Guardacostas recorriendo la playa. Ni que decir tiene que todas las focas huían de forma escandalosa.


A los conservacionistas que al parecer tanto se preocupan por el bienestar de las focas de Donna Nook, les diría que en lugar de cuestionar la presencia de fotógrafos bien podrían preocuparse por las propias focas, realizando estudios sobre el grado de salud de la población, o de control sobre la incidencia de personas en la playa, o simplemente realizando trabajos tan sencillos como liberar a las focas de redes, cuerdas, plásticos y todo tipo de desperdicios que les estrangulan el cuello y que acaban por incrustarse en su piel produciendo graves heridas.

No me hubiera importado incluso pagar una cuantía económica por acceder a la paya si supiera que ese dinero se emplea en la protección y el bienestar de las focas, con la realización de las medidas anteriormente descritas o de cualquier otra que permita asegurar el futuro de esta colonia. Y creo que esto siempre sería una mejor opción que las restricciones de las que tanto se habla.

Juan Carlos y Dani. Queridos compañeros de viajes. Seguid siendo como sois. Y que podamos hacer muchos otros viajes juntos, lejos o cerca. Un abrazo, amigos.